Si hay algo que mi amiga Natalia Viola siempre encuentra son metas que cumplir. Y, a tono con el fin de año, decidió leer los mejores libros publicados en 2012. La elección de los títulos no fue casual. La revista Ñ, de Clarín, publicó reseñas de las obras más votadas por 100 referentes de la cultura (desde Martín Kohan a Beatriz Sarlo). Pero se encontró con un obstáculo complejo: conseguir algunas de ellas (de hecho, garabateó en un papel una lista de las que no encuentra y la lleva en la cartera por si tiene suerte).

"Hay uno de la editorial Nudista que acá no venden", se quejó. Hablaba de "El loro que podía adivinar el futuro", de Luciano Lamberti. En ese momento, ella no sabía que Lamberti lo había presentado en el Rougés. Fue en octubre y solo asistieron los participantes del taller de Narrativa que lo cuenta como uno de sus profesores y un par de personas más.

Ella también ignoraba que el autor había llegado a la ciudad acompañado por Martín Maigua y por Juan Cruz Sánchez, de Nudista. Y que al día siguiente salieron a caminar las peatonales para ofrecer las obras en las librerías tucumanas. Pero en apenas una cuadra les dijeron que no dos veces y volvieron a Córdoba sin haber podido colocar ningún título. Los libreros los subestimaron. Qué lástima. Dejaron a los lectores que no suelen comprar por Internet, como Natalia, sin la posibilidad de leer una de las mejores obras del año.